La cultura del emprendimiento como estrategia de desarrollo

crecimiento empresarial

Es claro que durante los últimos años vienen sucediendo fenómenos que han marcado el desarrollo de las diferentes regiones del mundo en lo que tiene que ver con político, los social y lo económico.

El primero, y más fuerte sin duda alguna, es la globalización que nos ha llevado cada día más a confirmar que el mundo es simplemente una gran aldea global y que es necesario apropiar y entender el concepto de Glocalidad (Piense Global – Actué Local).

Este fenómeno viene acompañado de tres grandes tendencias (u olas) que durante los últimos cinco años ha tomado gran fuerza y se pueden identificar de forma general como: Emprendimiento, Responsabilidad Social y Redes de Valor, temas que sin duda alguna están presente en los planes de desarrollo para los próximos años de entidades tanto públicas como privadas.

La evolución de la primera tendencia, el Emprendimiento, tema del que nos ocuparemos principalmente en esta reflexión, viene marcado por innumerables procesos de cambio y nutridas estadísticas que se presentan cada año como muestra fehaciente que hemos entrado ya, desde hace un par de años, en la era del emprendimiento.

Es interesante recordar algunos elementos en la evolución del concepto de competitividad en los últimos años y como la cultura del emprendimiento se convierte en un elemento estructural para la productividad y competitividad de nuestro país.

A mediados de los años 60, la competitividad en la industria se basó en el precio. Las organizaciones eran fuertemente integradas, de estructuras rígidas y jerárquicas, con estilo gerencial centralizado[1]. Bajo este modelo, el precio era el factor determinante en la adquisición de un producto o servicio, dejando a la calidad y al servicio en los últimos puestos dentro de la escala de importancia. Las estrategias competitivas de las empresas se fundamentaban en la evolución de precios, costos y tasas de cambio. Según Rosales[2], la competitividad precio mostró ser eficiente para lograr mejoras transitorias en economías cerradas o proteccionistas, como la colombiana en esa época.

En los años 80, la incipiente globalización de los mercados y el desarrollo en la tecnología de comunicaciones e informática, llevaron a un nuevo orden económico mundial donde la calidad y el servicio llegaron a ser los factores primordiales en el momento de la decisión de compra de los individuos.

La nueva competitividad estructural más flexible y descentralizada pretendía el mejoramiento real en el nivel de vida de la población para que pudiera ser viable. Se fundamenta entonces, en la capacidad de un país por adoptar con oportunidad y selectividad el nuevo patrón tecnológico conforme a la evolución de la demanda y a su potencial de recursos (Markovich, 1.990)[3], de los cuales el más importante es, indudablemente, la cultura emprendedora de sus profesionales (Drucker, 1.986)[4].

Es claro que la “Cultura emprendedora” forma parte de ese nuevo lenguaje que nace de un reciente modelo económico y que rige una nueva realidad. “Cultura emprendedora”, es la base general sobre la cual se debe direccionar cualquier esfuerzo orientado al apoyo de las nuevas generaciones de empresarios del país, que tengan la capacidad de reconocerse como verdaderos “Atletas Empresariales[5]”, es decir emprendedores que necesitan y requieren entrenamiento y desarrollo permanente de sus competencias y habilidades emprendedoras.

En 1.990, Schimidheing[6] concluyó que la cultura empresarial y emprendimiento en los profesionales es un requisito fundamental para ser competitivos y ayudar en el desarrollo general de un país ya que contribuye al incremento del PIB (Producto Interno Bruto), permite la generación de empleo y de riqueza, dando con ello un mejor nivel de vida para sus habitantes. En pocas palabras, se hace necesaria una nueva cultura dentro de los colegios, las universidades, centros de formación y enseñanza, que propenda a la educación para el emprendimiento.

La anterior afirmación toma una mayor fuerza con las apreciaciones de Allan Gibb[7] en su intervención en el marco de la 4ª conferencia de investigación en Entrepreneurship en Latinoamérica, realizado en Cali. Gibb plantea que el gran  reto al que nos enfrentamos en estos momentos como sociedad es el de: “Crear un ambiente empresarial capaz de empoderar a una gran cantidad y variedad de personas de todos los niveles sociales para que ellos puedan disfrutar y crear soluciones  para enfrentar la incertidumbre de un ambiente global cada vez más turbulento.”

El resultado esperado en el marco de este proceso sería tener un mayor número de ciudadanos con actitud emprendedora, es decir, con la disposición personal a actuar  de forma proactiva frente a cualquier situación de la vida,  procurando generar ideas que se transformen en proyectos que busquen la satisfacción de necesidades y problemáticas y que, de forma simultánea, hagan posible el crecimiento y la mejora permanente de su proyecto y de sus condiciones de vida. Para lograr este objetivo, todo el aparato educativo debería orientarse a desarrollar un proceso de emprendimiento desde un enfoque de desarrollo humano integral que ayude a  la comunidad a:

  • Construir conocimientos y desarrollar hábitos, actitudes y valores necesarios para generar acciones orientadas al mejoramiento personal y a la transformación del entorno y de la sociedad.
  • Presentar soluciones a las necesidades humanas presentes en la comunidad, con un sentido de innovación, ética, responsabilidad social y una perspectiva de desarrollo sostenible.
  • Promover la cooperación y el trabajo en equipo en todos los miembros de la comunidad
  • Fortalecer en los miembros de una comunidad la capacidad de conseguir y conservar un empleo, acceder a diferentes alternativas laborales y a posibilidades de autoempleo.
  • Consolidar procesos de articulación de las instituciones educativas con el sector productivo y con instituciones de educación superior.

La formación de una nueva generación de  emprendedores requiere que las instituciones públicas y privadas trabajen articuladamente en la consolidación de una cultura del emprendimiento.

En este sentido, la cultura del emprendimiento se verá reflejada cuando:

  • Todos los miembros de una comunidad manifiesten de forma permanente relaciones de cooperación, liderazgo y, actitud para el desarrollo.
  • Desde los primeros años de formación se desarrollen actitudes emprendedoras en los estudiantes las cuales se verán reflejadas en los diferentes espacios de formación y en todos ámbitos de su vida.
  • El proyecto educativo institucional de colegios, instituciones técnicas y tecnológicas, así como de universidades genere ambientes propicios para la formación y desarrollo de personas analíticas, críticas, creativas, comprometidas éticamente, expresivas, conscientes de sí mismas y con sentido de responsabilidad personal y social.
  • Se cuente con talento humano competente con capacidad de generar acciones  innovadoras  que atiendan a las necesidades de desarrollo de la gente y de los países.

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Elaborado por: Pablo Emilio Vanegas – Consultor empresarial

FUENTES

[1]  WEIHRICH, Heinz, Administración: Una perspectiva Global. 11 Edición. Capitulo 1: Administración: Ciencia Teoría y Practica Páginas 6 a 46.

[2] ROSALES, Oswaldo. “Competitividad, productividad e inserción externa de América Latina en comercio exterior”. Vol. 40, #8. México, 1.990.

[3] MARKOVICH,  Jacques. “Tecnología y competitividad en conceptos generales en gestión tecnológica”. BID, SECAB, CINDA. Santiago de Chile, 1.990.

[4] DRUCKER, Peter. “La innovación y el empresario innovador”. Ed. Norma. Santa fe de Bogotá, 1.985

[5] VANEGAS B Pablo Emilio, “Atletas Empresariales – La Nueva Generación”, Bogotá 2017

[6] SCHIMIDHEING, Stephan. “La misión empresarial en el marco de una desarrollo económico sostenible en ciencia política”. IV trimestre, 1.990.

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